¿Quién demonios diseña las superestaciones espaciales?

CRÍTICA DE STAR WARS 7 EL DESPERTAR DE LA FUERZA por HK-47

Soy un fan correligionario de la saga y siempre he vivido rodeado de la épica que representa el universo de George Lucas. Quiero hacer énfasis en esto, he visto cada película de la trilogía original una cantidad de veces indecente, he jugado a prácticamente todos los videojuegos de Star Wars, he leído los libros que he podido y la concepción estética de la producción (trajes, arquitectura, diseño de naves y demás) ha influido de manera determinante en mi carrera. Mi primer recuerdo sobre la saga es de emoción. Yo debía ser un crío muy pequeño, pero el final del Episodio 4, con Luke, Han y Chewi recibiendo medallas al son de la increíble sinfonía de Williams me puso los pelos de punta y creo que fue la primera que vez que cualquier expresión artística me afectaba de esa manera.

Existen básicamente dos tipos de fans de Star Wars; los que aceptan la trilogía posterior de George Lucas, y los que no. Yo vomité al ver el Ataque de los clones, lloré al ver a JarJar binks y grité al oír hablar de los midiclorianos. Así que queda clara mi postura al respecto.

Disculpen el exceso de introducción, pero quiero dejar claro que soy el espectador perfecto para Disney. El que se embelesa con la figura del precioso Halcón Milenario surcando el cielo. Además soy fan total de JJ Abrams, por que ambos compartimos referentes fílmicos de nuestra juventud, especialmente las películas de Amblin Entertaiment, Los Goonies, El vuelo del Navegante o Cuenta Conmigo.

Y he aquí que me hayo frente a las esquivas letras de presentación de Star Wars 7 en un cine que no está a la altura de la circunstancias, hecho que no ha de desviarme de mi cometido. Luke Skywalker anda perdido y una nave imperial gigantesca ocupa la pantalla, las primeras trazas de la palabra “homenaje” se dibujan en mi subsconsciente sin atisbar (de momento) la magnitud que este concepto alcanzará a lo largo de todo el metraje.

Pero vayamos por partes. Aparece Oscar Issac (todo un fichaje) y su droide astromecánico BB-8 (otro fichaje) y de repente le da unos planos secretos ante la llegada de los malos para que termine perdido en un planeta desierto.

STOP

Abrams se te aparece en la butaca de al lado en este momento y te guiña el ojo apuntándote con el dedo a lo Julio Iglesias.

Ok, no pasa nada, sigamos viendo la peli, vale que a Laurence Kasdan no se le ha ocurrido otra manera diferente de abrir el nudo narrativo de la cinta, lo pasamos por alto, otro trago al refresco y seguimos.

Y entonces la película empieza a coger fondo, forma, cuerpo e interés. ¿Por qué? Por la aparición de Rey.

Verla cogiendo chatarra de un destructor imperial para conseguir un mendrugo de pan te mete en el universo de Star Wars de la mejor manera. Aquí Abrams se lo toma con calma, ralentiza el ritmo, porque sabe que lo está haciendo bien, mostrando una de sus mejores virtudes como director: contextualizar.

Vayamos un momento a la segunda línea argumental del comienzo del film: El renegado.

Los malos (llamados Primera Orden) se nos presentan como soldados imperiales con un diseño muy muy molón, su capitán Phasma tiene un poder iconográfico tremendo (eso es todo lo que aporta a la película) y los primeros compases del Villano villanoso Kylo Ren dan muy bien en pantalla, presentando a un enemigo muy poderoso, con capacidades de control mental y unas habilidades para moldear “la fuerza” hasta el punto de paralizar un rayo blaster proveniente del macarra Poe Dameron.

Pero también tenemos la aparición de Finn (Jon Boyega), un Stormtropper que fue raptado de niño y entrenado para ser soldado, el concepto Clon desaparece para dar paso a un ejército de soldados regulares en el clásico concepto de la palabra. Este chico tiene dudas, debe ser que no lo entrenaron bien, en el momento de la verdad no tiene huevos de apretar el gatillo.

El cruce de líneas argumentales sucede en Jakku, el planeta desértico donde malvive Rey metida en un ATAT Walker. Aquí Finn da signos de su gran corazón al querer salvar a Rey de unos jinchos galácticos que le quieren robar el bocata. Este impás de humor queda muy bien, Rey se basta y se sobra contra los malotes.

Y mientras huyen se encuentran con el Halcón Milenario a tope de gasolina en medio del desierto, y a su vez se encuentran con Han Solo en medio del espacio…..

STOP!!!!!

Ok vamos a parar, vamos a dejar de analizar la película escena por escena, casualidad por casualidad, coincidencia por coincidencia, vamos a dejar de hacer de fan cabreado, de friki resentido. Porque JJ Abrams no quiere eso, quiere que cojas la sensación de la película, que te fijes en el aroma retronasal, que te sientas como un niño otra vez. ¿Es ésta una apuesta valiente? No ¿Es ésta una apuesta inteligente? Mucho. Consigue atrapar tres generaciones de espectadores y hacer caja de una manera nunca vista, y Disney se lo agradece.

¿Y cuál es el precio que debes pagar por ser tan complaciente?

La respuesta es sencilla; el precio que se paga es el olvido.

Independientemente de que la mitad del planeta fuera a ver la película, el poso que deja es corto. No hay ninguna escena que se te quede grabada a fuego en el subconsciente, esa escena que repites cuando cierras los ojos la noche después del cine. Ni siquiera la muerte de Han Solo te golpea al estómago de esa manera.

Incluso la triste segunda trilogía de Lucas poseía dos escenas épicas inolvidables (combates contra Darth Maul y batalla final Anakin / Obi wan). Es cierto que John Williams creó dos sinfonías poderosísimas para ambas escenas, cosa que aquí pasa completamente desapercibida.

En realidad es una vergüenza que a estas alturas de la vida de un fan, si mira atrás en el tiempo se de cuenta de que la mejor versión del universo Star Wars se encuentre en dos videojuegos (Caballeros de la Antigua República 1 y 2) donde la profundidad de los personajes, el hilo argumental y la capacidad de sorpresa supere a las últimas cuatro películas de Star Wars de una manera alarmante.

Esta película no pasará a la historia, y lo peor de todo es que nadie se lo va a pedir, porque nuestras expectativas están tan domesticadas que ya nadie espera un “Apocalipsis now” o un “Club de la lucha” , una obra de arte valiente o profunda.

Ojo, a Star Wars no le pido la profundidad filosófica de Blade Runner, pero vivimos la edad de oro de los guionistas de T.V y Cine y una obra menos autoreferenciada se podía haber creado perfectamente. Tenemos los ejemplos claros del Caballero Oscuro de Christofer Nolan o más recientemente el Mad Max de George Miller, dos ejemplos que sirven para ilustrar la valentía de dos directores curtidos que agarran estas franquicias mundialmente famosas y crean dos obras de arte inmensas.

El futuro está claro. Disney no intenta hacer historia con sus dos películas de Star Wars por año, la saga se convertirá en radio-fórmula como un teengroup que se adhiere a los cánones establecidos para mantener esa sensación de dejavú continua y se vende como una revolución musical construida a base de samplers de temas de los 70.
Esa falta de ambición creativa, esa falta de curiosidad por investigar los límites de una mitología tan rica y fascinante como ésta se me antoja imperdonable, pues cuando más valiente y visionario tendría que haber sido el amigo Abrahms, al que tengo sentado a mi lado en el cine, más conservador y remilgado se ha vuelto, así que me giro y le digo:

¿En serio? ¿Una tercera estrella de la muerte con un punto débil fácil de encontrar por una mierdecilla de nave? ¿Pero quién construye estas superestaciones espaciales? ¿Santiago Calatrava?